Somos llevados y traídos por el movimiento de la vida. Si permitimos desfijar nuestras aseguradas posiciones, tal vez la vida nos sorprenda, y el aliento del Dragón sople con fuerza detrás de nuestro cogote, y nos insufle valor para la aventura. Si aceptamos el desafío, el 'viaje' que comienza puede ser revitalizante, siempre que no permitamos el bloqueo que puede surgir cuando asistimos al derrumbe de las estructuras conocidas. A uno le toca decidir, cuando siente bullir por dentro el cambio de etapa, si realmente se está dispuesto a 'salir a la carretera' y dejar atrás las referencias conocidas, plenas en sus frutos logrados, pero puede que también preñadas de insatisfacción. El equilibrio siempre cambiante entre la libertad y la comodidad, inclinará la balanza hacia el lado que el Ser elija vivir con autenticidad esta vez. No resulta fácil a la mayoría sacudirse de encima la zona de confort, en especial si uno transita los años próximos al "socialmente bien...
Somos animales de costumbres. La necesidad de confort, de seguridad nos demanda encontrar un 'lugar seguro' que habitar, y al que regresar cada jornada para encontrarnos con el descanso, los seres queridos y por qué no, también con nosotros mismos. Desde pequeños, volver a casa desde el colegio o descansar en nuestra habitación tras jugar intensamente con los amigos por campos nuevos o calles recién descubiertas, nos evoca el sentimiento del calor confortable y protector del 'volver a casa'. Luego vamos creciendo. Y los cambios de todo tipo -biológicos, de relaciones, afectivos..- a menudo parecen traer demasiada inestabilidad a nuestra vida. Pero ahí continua el hogar protector, asociado a la seguridad de los padres, y más inconscientemente al útero materno, y a un hogar más lejano, ubicado bien lejos, que recordamos a través de un Sentir oceánico, antiguo. Cuando la familia cambia de casa, si el hogar es armónico, los 'poderosos adultos' se en...