Llega un momento en nuestra vida cuando un cambio de etapa viene acompañado por el sentimiento profundo de querer cambiar de hogar. Es como si lo vivido hasta ahora nos impulsará a buscar otras referencias espaciales, unas nuevas coordenadas para seguir nuestro viaje terrenal. Puede ser motivo de mucho entusiasmo e ilusión, con todo estamos hablando de 'desenraizarnos' de un lugar, para tratar de conectarnos con otro espacio que nos acoja, y haga posible el volvernos a enraizar.
El inicio del proceso que nos lleva a cambiar de casa, puede llegar de súbito o incubarse en las tripas durante largo tiempo. Hay personas que, a lo largo de su vida adulta, se mudan de lugar de residencia con frecuencia, hasta vivirlo como algo no especialmente singular en su vida. Otras personas, tal vez por haber tardado en dejar el nido parental, les cuesta ni siquiera plantearse un cambio de hogar, una vez se han independizado.
Nosotros en este post vamos ahondar en el contexto emocional, cuando estamos cerca de esta experiencia, así como tener en cuenta el cerrar bien la etapa de vida que ha acompañado el lugar que estamos a punto dejar. Tal vez, a un nivel emocional profundo y poco consciente, toda mudanza nos recuerde al abandono del útero materno, esa cálida, confortable y primera morada aquí en la Tierra, y con ella, la pérdida de la seguridad y la paz primeras. Y también, el surgimiento emocionante de la gran aventura de la independencia, el elegir donde vivir ahora; de la llamada de la libertad que entraña el salir en busca de un nuevo territorio, y el desafío de conseguirlo.
Hemos de empezar a recoger el buen chi del lugar que nos ha acogido y cuidado todo este tiempo, con agradecimiento, para así impulsarnos en pos del cambio de casa. El inicio de planear la aventura de la mudanza pasa por considerar pros y contras, así como las diferentes opciones de a dónde ir a vivir. Y con ello, que cambios en el entorno anhelamos, respecto lo ya conocido en la etapa que se acaba. Necesitamos definir en nuestra imaginación primero el tipo de entorno (urbano/rural, pueblo/hábitat disperso, propiedad/alquiler, vivienda existente/a construir, etc.) que deseamos. Así como establecer las conexiones prácticas con nuestras rutinas habituales: trabajo, familia, amistades, actividades de ocio.
Suele acontecer que el cambio de hogar lleve aparejado o venga producido por algún cambio importante en algún área relacional, bien de trabajo, familiar o personal. Por lo tanto, nos encontramos ante la oportunidad de vivir experiencias diferentes dentro de nuestro viaje existencial. Este cambio además puede venir elegido voluntariamente, o aparentemente impuesto por la toma de decisiones de otras personas cercanas. La metamorfosis física de la vivienda residencial tal vez implique un cambio interno considerable, donde hemos de abordar decisiones desde el reconocimiento responsable de lo que está ocurriendo ahora. Al asumir nuestro presente, la búsqueda de un nuevo hogar nos catapulta a un viaje de autodescubrimiento, ya que es preciso chequear prioridades en la vida dentro de nuestros intereses y relaciones.
Desde nuestro sentir en la práctica feng shui, los cambios de lugar de residencia implican momentos de apertura al alma, y de conexión con el propósito en la vida, en unos momentos donde el cambio de ubicación terrenal deja más abierta la conexión con el Cielo. La mudanza nos trae al presente el Viaje último que algún día haremos, al abandonar la casa de nuestro cuerpo-mente y todo este plano terrenal. Por eso, a menudo las personas se incomodan profundamente con este cambio de etapa, y llevados por las turbulencias de sus emociones desplegadas cual tormenta marina, no aprovechan la oportunidad que se presenta para afrontar y crecer.
Por ello, el cierre de etapa con "la casa que queda atrás", nos brinda una valiosa ayuda para esta exploración interna. La Madre Tierra, compasiva y cuidadora de todos sus hijos, nos habla a través del Lugar; nos canta su canción que trae consuelo, belleza y esperanza. Seamos cuidadosos a su vez al dejar este lugar: Celebremos con calma y cariño, las tareas de mudanza. Dejemos el espacio lo más limpio y neutro posible, de manera que quien venga detrás, se encuentre con el mejor escenario posible para sus experiencias. Recordemos que todos vamos enlazados.
Recojamos amarras, historias sin acabar, sueños no cumplidos y otras proyecciones de nuestra psique que han impregnado el espacio, al tiempo que nos nutríamos de todo lo que aquel nos ha ido dando a lo largo de ese tiempo vivido. Esto ayudará notablemente a situarnos en el mejor punto de partida de la etapa que se abre ahora. También facilitará el estar receptivo 'al buen lugar', a ese nuevo espacio que la Tierra nos está preparando para vivir en la mejor manera lo que sigue en nuestro guión.
Dentro de ese estar receptivo, también se nos pide que aspiremos a la excelencia, a recibir lo mejor respecto la calidad del chi ambiental de donde vamos a vivir. Que cuidemos con consciencia, con buen anhelo el elegir un lugar que sintamos adecuado a nuestro momento. De manera que, estando en él, la primera impresión sea de estar sintiendo belleza y una serena alegría desde el corazón, como si escuchásemos la melodía de nuestra alma por vez primera en esta nueva porción de tierra. Aterricemos bien abiertos a este espacio que siempre lo está y ahora se nos presenta.
Desde nuestro sentir en la práctica feng shui, los cambios de lugar de residencia implican momentos de apertura al alma, y de conexión con el propósito en la vida, en unos momentos donde el cambio de ubicación terrenal deja más abierta la conexión con el Cielo. La mudanza nos trae al presente el Viaje último que algún día haremos, al abandonar la casa de nuestro cuerpo-mente y todo este plano terrenal. Por eso, a menudo las personas se incomodan profundamente con este cambio de etapa, y llevados por las turbulencias de sus emociones desplegadas cual tormenta marina, no aprovechan la oportunidad que se presenta para afrontar y crecer.
Por ello, el cierre de etapa con "la casa que queda atrás", nos brinda una valiosa ayuda para esta exploración interna. La Madre Tierra, compasiva y cuidadora de todos sus hijos, nos habla a través del Lugar; nos canta su canción que trae consuelo, belleza y esperanza. Seamos cuidadosos a su vez al dejar este lugar: Celebremos con calma y cariño, las tareas de mudanza. Dejemos el espacio lo más limpio y neutro posible, de manera que quien venga detrás, se encuentre con el mejor escenario posible para sus experiencias. Recordemos que todos vamos enlazados.
Recojamos amarras, historias sin acabar, sueños no cumplidos y otras proyecciones de nuestra psique que han impregnado el espacio, al tiempo que nos nutríamos de todo lo que aquel nos ha ido dando a lo largo de ese tiempo vivido. Esto ayudará notablemente a situarnos en el mejor punto de partida de la etapa que se abre ahora. También facilitará el estar receptivo 'al buen lugar', a ese nuevo espacio que la Tierra nos está preparando para vivir en la mejor manera lo que sigue en nuestro guión.
Dentro de ese estar receptivo, también se nos pide que aspiremos a la excelencia, a recibir lo mejor respecto la calidad del chi ambiental de donde vamos a vivir. Que cuidemos con consciencia, con buen anhelo el elegir un lugar que sintamos adecuado a nuestro momento. De manera que, estando en él, la primera impresión sea de estar sintiendo belleza y una serena alegría desde el corazón, como si escuchásemos la melodía de nuestra alma por vez primera en esta nueva porción de tierra. Aterricemos bien abiertos a este espacio que siempre lo está y ahora se nos presenta.
Comentarios
Publicar un comentario