Retomamos en este post la serie de artículos sobre el Mapa Pakua. Comentar que el Oeste, es el sector del pequeño metal y de la alegría serena del Lago (Ver I Ching). El oeste es el atardecer del día, el replegarse del principio del otoño y el cosechar, en la expresión de proyectos, hijos, creatividad y las manifestaciones terrenales del vivir. Esta energía se activa durante el mes de agosto, cuando comienza a notarse el yin en las noches que se alargan.
Si en el Este, el lugar de los ascendientes y de los que nos precedieron, nos encontramos con la dimensión de la autoridad y con las responsabilidades del hijo primogénito -como buen sustituto del Padre Cielo-, aquí en el Oeste las experiencias nos hablan de disfrutar de la vida sin crear adicciones ni dependencias, que puedan afectar negativamente tanto a nuestra salud como a nuestro devenir vital y nuestras realizaciones.
En otro orden de cosas, la experiencia de consultar el mapa pakua en las visitas a las casas, me ha dejado ver que este sector oeste -entre el suroeste de lo receptivo y lo maternal y el noroeste del mundo del padre, y de lo masculino- a veces es un espacio mediador de los 'territorios' que le flanquean, tanto a nivel externo en el juego de las relaciones, como a nivel interno de la psique. Cuando uno va consiguiendo equilibrar lo masculino y lo femenino, el rigor y la compasión, o el Ser y el Estar, sucede que la vida se va haciendo más fácil, se experimenta con más gozo.
Llegamos a sentir claramente que todas las experiencias son 'Juego', que los desafíos del Vivir no son realmente lo que nos han hecho creer las exigencias sociales. Hemos crecido con la presión de llegar a convertirnos en adultos responsables, serios, competitivos y con sed de éxitos materiales, por los que se pagan precios elevados, renunciando a la salud, a las relaciones armoniosas y al goce del vivir.
Estos últimos años la psicoterapia ha hecho hincapié en recuperar y sanar 'al niño interno', que significa atender la vida desde el "Yo Siento", en la certeza de que lo que ocurre en cada momento del presente es lo más valioso, o lo único realmente valioso. Tal como sucedía cuando éramos pequeños, que dábamos valor al instante del juego, sin una mente controladora que precisa de planificarlo todo y exige que todo se viva según lo planificado. Y esto, ¿Para qué?
Considerada así la vida, ésta se convierte en un Arte, no en una Economía. Con todo, la vida se vive más equilibrada, y las situaciones fluyen mejor, las relaciones se cuidan y florecen. El tiempo deja de vivirse como una presión asfixiante, cada bello momento es sucedido por el siguiente instante igual de importante, igual de majestuoso.

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