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Ubicarse para Relacionarse: la propuesta feng shui para vivir el espacio conscientemente

 Somos animales de costumbres. La necesidad de confort, de seguridad nos demanda encontrar un 'lugar seguro' que habitar, y al que regresar cada jornada para encontrarnos con el descanso, los seres queridos y por qué no, también con nosotros mismos. Desde pequeños, volver a casa desde el colegio o descansar en nuestra habitación tras jugar intensamente con los amigos por campos nuevos o calles recién descubiertas, nos evoca el sentimiento del calor confortable y protector del 'volver a casa'.




     Luego vamos creciendo. Y los cambios de todo tipo -biológicos, de relaciones, afectivos..- a menudo parecen traer demasiada inestabilidad a nuestra vida. Pero ahí continua el hogar protector, asociado a la seguridad de los padres, y más inconscientemente al útero materno, y a un hogar más lejano, ubicado bien lejos, que recordamos a través de un Sentir oceánico, antiguo. Cuando la familia cambia de casa, si el hogar es armónico, los 'poderosos adultos' se encargan responsablemente de actualizar enseguida el medio protector en un nuevo emplazamiento, en el que poder seguir aprendiendo, jugando y viviendo.

  Con el tiempo, llegamos a ser adultos, y nos toca tomar decisiones, y también comprometernos. ¿Qué estudiar? ¿A qué dedicarnos? ¿Seguir en la misma ciudad? O cambiar de aires... A menudo los viajes de ocio en los años juveniles, nos muestran el chi de otros lugares, otros países. Estas experiencias suelen despertar la curiosidad profunda, y algunas personas responden a ella emprendiendo etapas de sus vidas anidando en lugares alejados del hogar paterno conocido. No obstante, la mayoría vive cerca del mismo, aún cuando decida independizarse de los progenitores.

  Estos procesos vitales y cambios de etapa a menudo suceden 'de forma natural', no exentos de automatismos marcadas por lo vivido en el primer medio familiar, nuestra primera casa. De hecho, hay personas que, aún viviendo en casa propia, mantienen una habitación o numerosos objetos en la casa materna.  Como una conexión, tal vez un ancla que les mantiene unidos a un nivel emocional profundo a esa seguridad inicial de sus primeros años por la Tierra.

  Y cuando llega el tiempo de establecer relaciones especiales, de convivir con personas a las que queremos, no nos damos cuenta de, en que medida estamos 'siendo movidos' por esos automatismos de la casa de la infancia. Y de lo ocurrido en ella, de como transcurrían en ese hogar las dinámicas afectivas, entre las personas y también entre las personas con su espacio que les acogía y al que transformaban.

  La práctica feng shui también nos anima a explorar en este terreno comentado. Hacernos conscientes de que, la vida en común con otra persona, también entraña el convivir con todo su bagaje psicoemocional heredado de sus estancias anteriores, en especial de la casa de sus padres, y de lo que ocurría dentro de sus muros, y de cómo lo vivió emocionalmente esa persona que ahora está a nuestro lado. Una vez más, la práctica de la empatía y una adecuada comunicación constante entre los dos, nos puede ayudar valiosamente a que el camino juntos, que ahora compartimos, lo sea desde el respeto. Donde podamos desentrañar que, lo que nos parece pasividad o resistencia al cambio en el otro, tiene sus raíces profundas en un antiguo sustrato familiar vivido, que nos modela a todos.

   Si reconocemos que solemos atraer a la persona con la que convivimos en una etapa de nuestra vida para complementarnos, para enriquecernos, y hacer conscientes aspectos de nuestra 'sombra', de lo que hemos relegado a lo largo de los años a un sótano emocional, también podemos ver ahora la importancia de que cada cual se ocupe de hacer consciente su sustrato espacial de partida. Esta base de nuestras interacciones con el espacio -sobre todo a un nivel íntimo-, está claramente relacionado con las vivencias en la casa materna. Estas proporcionan mucha información sobre la que hemos ido construyendo nuestra vida de adulto, en base a tomas de decisiones personales, bien para repetir el molde de los padres, bien para elegir otro camino radicalmente distinto, incluso opuesto.

  Practiquemos esta parte del feng shui aplicado a la convivencia con los otros, ejercitando las regulaciones entre las 5 Energías, que al igual que se suceden a lo largo de las estaciones, también aparecen en nuestra interacción con el otro. Una persona puede estar pasando por una etapa expansiva, movilizadora de cambios, de tono bien Madera (= apertura de espacios), mientras su compañero de viaje a lo mejor se halla sumido en un largo invierno, bien metido hacia adentro, como rumiando olas de sentimientos, y con muy poca disposición a la acción en el exterior, incluso pareciendo negado a hacer pequeños cambios decorativos o de experiencias entorno al hogar común. Sería una expresión de una dinámica Agua (= hacia adentro, intimista y quieto). Vemos como el exceso de la conducta de uno puede perturbar el equilibrio del otro, llegando a alterar la vida común, e incluso dañar la armonía conyugal o dificultando el crecimiento de la pareja.

  Como tantas veces en la vida, se requiere comprensión y ganas de fortalecer juntos el estado de Unidad, aún en medio de vivencias o ritmos personales tan distintos en sus formas y expresiones. Echar mano al movimiento Tierra, que busca siempre un equilibrio entre el yang activo y el yin pasivo, apostando por el diálogo y la buena Común-ic-Acción. Y hacerlo desde el respeto a la libertad propia, que también aspira a garantizar la del otro, y su manera de 'funcionar' e interactuar con el espacio físico y psíquico-emocional del hogar. Esto es necesario, si queremos realmente que la casa -como madriguera uterina- nos siga alimentando y protegiendo a los dos, o a los que la compartamos.




  

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