El sector Noroeste del Mapa Pakua alude en feng shui al territorio del Gran Metal, llamado Cielo. Es el mundo de los símbolos, los maestros; también del altruismo desprendido, servicial. Desde las alturas del cielo, se tiene otra perspectiva bien diferente de lo que ocurre aquí en la tierra. Con esta altura de miras, cual águila viajera, podemos concienciar el propósito o misión de nuestra vida, y desde ahí tratar de llevar una vida más impecable, genuina y elevada. Este sector se activa durante los meses de Septiembre y Octubre.
El Noroeste, es el sector de la Brújula nutrido por el Gran Metal, por aquello que realmente es esencial para nuestro devenir en la vida encarnada como humanos. Podemos aspirar a 'vivir el Cielo en la Tierra', tratando cada día de que nuestros pensamientos y nuestros actos sean guiados progresivamente por la Voz del Cielo. Al principio, ésta apenas es audible. A todos nos cuesta abandonar la resistencia del que el ego deje de ocupar el puesto de conductor para convertirse en el valioso ayudante que es. Pero no más.
Son las crisis y los aparentes fracasos en la vida los que van abriendo gradualmente nuestra mente a la escucha del Corazón, del Ser. Entonces, los demás y lo que nos rodea empieza a considerarse como parte de uno mismo ("todo va enlazado" del Aro sagrado de la cultura nativoamericana), y cada pequeña experiencia cobra valor por sí misma, tiene su Sentido, su Camino (el Tao de la China antigua). Poco a poco, la Voz del Corazón emerge en nosotros con fuerza persistente, llevándonos a conducirnos a una vida más virtuosa, de entrega al Otro, en el sentido de favorecer que cada persona viva su designio de la manera mejor posible: sin salvarlos, sin solucionarles, pero guiándoles, inspirándoles, desde una incondicional confianza en la capacidad celestial que mora en el interior de todos nosotros.
Por eso, si en el sector del Sureste, recibimos las bendiciones de la vida, de todo lo que crece y prospera, y experimentamos nuestro potencial y fuerza, en el sector complementario del Noroeste, se experimenta el dar, el Darse. Así como a mitad de la mañana, o bien entrada la primavera, las fuerzas individuales pujan por ascender y desarrollarse, es en el ocaso de cada jornada y en el otoño profundo, cuando la llegada de la quietud de la noche o del frío del invierno, nos habla de la majestuosidad del Ser, del valor infinito de cada ser vivo, de lo inmensamente honorable que es el destino de cada cual. No cabe más que rendirnos ante la evidencia de la Plenitud de lo Real y exclamar: "Hágase Tu Voluntad".
En el Norte encontraremos la Maestría interna, inmersa en la Noche profunda, en el Gran Misterio del entregarse al Ser. Ahora, en el paso del Noroeste nos despojamos de todas las vestiduras, posesiones, conductas y actitudes que puedan entorpecer la Presencia. Ya casi todo nos sobra, o es superfluo; lo que se necesite, será proporcionado en su momento. No se nos pide hacer o lograr nada, tan sólo: 'No estorbar'. Permitir que la experiencia de plenitud de la vida nos haga realmente humanos, y reconozcamos esto mismo en todo lo que nos rodea.

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