Cuando el sol brilla en lo alto, a mediodía, ilumina a todas las
criaturas. Asimismo, la luz del verano, intensa y perpendicular, puede
deslum-brarnos momentáneamente. También esto sucede con el resplandor de la
fama, cuando las personas, buscando prestigio y gloria a cualquier precio,
dejan de encontrar el sentido a su vida.
LI, la energía y sector de fuego
en feng shui, remite a esa cualidad apasionada y transformadora de la
vida, y también a la capacidad que los seres humanos tenemos de adherirnos a
algo superior a nosotros. El fuego templado precisa de docilidad interior, que
no es lo mismo que sumisión o servidumbre.
Cuando en la rueda feng shui el norte
del agua nos habla del viaje en libertad y con responsabilidad que
son los trabajos por la vida, aquí el sur nos pide que podamos actuar en el
mundo siendo guiados por
principios éticos en pos del bien mayor. Para ello, necesitamos
cultivar la claridad y la certeza
internas, desalojando lo confuso de nuestra vida. Al padre Sol no se le
mira de frente como desafiándolo; no, se le respira con boca abierta y abrazo
de todo el cuerpo y el alma, con la mente rendida.
Es ese perseverante comportamiento cotidiano de impecabilidad de pensamiento, palabra y obra el que nos
permite construirnos poco a poco una buena reputación, un 'buen nombre'. Hemos
de ser cuidadosos con lo que decimos y lo que hacemos en sociedad. Cual aleteo
de la mariposa, cada uno de
nuestros actos resuena en los confines del Universo, afectando a la totalidad
que nos rodea, a la unidad que existe y que somos.
En los meses de mayo y junio,
el fuego se activa desde la dirección
del sur, por los tiempos del solsticio de verano, en un canto a la
individualidad. Toda la claridad sería en vano si no comprendiéramos los
ciclos, lo inseparablemente unido que el fuego está al agua, y nuestras
aspiraciones personales a la marcha de la humanidad.
Y en estos momentos, a la humanidad se la requiere bien despierta, en cada
individuo, familia o sociedad. La pulsión activa del amado Sol lo demanda, y la
mente ya no puede escaparse recreando experiencias que no van a volver. Ahora,
hemos de conectar con la fuente
viva del Corazón, y sentir desde la paz que somos, para que estamos
aquí. Y la dicha que esto entraña; después sólo cabe vivir, agradeciendo cada
día, y celebrando en grupos de hermanas y hermanos.
Como recoge la
siguiente cita de un artículo sobre budismo mahayana:
"la auténtica felicidad reside no
solamente en la capacidad de evitar los pesares de la existencia, sino en la de
liberar a los demás del sufrimiento. Dicho de otro modo, el valor más elevado
en la vida es el deseo de vivir y de trabajar en beneficio de otros. El budismo
denomina ese deseo el "juramento
del bodhisattva", y tal motivación es la que determina la
naturaleza y el curso de nuestra existencia."

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