La experiencia de reformar una casa es una situación humana que nos lleva fácilmente a la polaridad; además de pasar por emociones intensas y cambiantes. Si ya has encargado esta experiencia para tu vida, ármate de paz y ciencia. Además, te animo a que te preguntes con sinceridad: ¿Es esto un castigo de la vida, un marrón para pasarlo deprisa, deprisa? O, tal vez ¿Pueda ser una bendición disfrazada para profundizar en ti, en la vida y en las conexiones interdependientes entre la casa y la persona?
Y si así fuera -lo segundo digo-, te animo a estar con tus emociones y el movimiento de tu inconsciente, desplegando hacia ellos más atención y amabilidad que hacia los albañiles más díscolos, mentirosos y pendencieros que te puedan llegar (mejor no). Sólo que abandona desde el principio el creer que sabes el plazo en que la obra terminará, y trata de vivir el día a día. Seguro que por el camino pasan muchas cosas.
Sinceramente siento que, detrás del escenario terrenal de una reforma con obra, se esconde mucha más tela sobre nuestra vida, o mejor sobre la vida, de lo que parece. Si como decimos en feng shui, la casa es una metáfora de tu persona y tu vida, nos podemos preguntar: ¿Qué significa una reforma? A más completa o compleja la reforma que tienes por delante, pues más oportunidad de indagar, de descubrir, y, tal vez también, de cambiar temas en ti a un nivel poderoso, estructural. Esta aproximación a la experiencia de una reforma en una casa es, cuando menos, interesante.
Y si, como a menudo sucede, la reforma de la casa se junta con una nueva ocupación, con casa nueva, pues... ¡para qué queremos más! Tenemos a nuestra disposición un auténtico circo de primera magnitud, en el que podemos pasarlo bien, además de currar mucho, y de crecer, o, de desesperarnos. Ya se verá.
Por mucho que queramos controlar y afinar dirigiendo la reforma (¡caray que somos el que paga!), pues ella: Más! Son inevitables los contratiempos, las gaitas, los imprevistos y los agobios. Bueno, estos últimos tal vez no, si nos lo tomamos con actitud de aceptar toda sorpresa que venga, de centrarnos en el corto plazo del día a día, y de valorar los aparentes desaciertos como oportunidades para que se haga posible una transformación en nuestra vida, que claro está escapa a nuestro control.
Menos mal, que el principio del equilibrio está por ahí. También van a suceder golpes de efecto o de viento a nuestro favor, van a aparecer amigos generosos como caídos del Cielo (de hecho en feng shui siempre vienen desde esa dirección), y vamos a estar días sintiendo a flor de piel, casi segundo a segundo. La obra en una reforma nos hace sentirnos bien vivos, y si sabemos aceptar la incomodidad y cansancios que conlleva, puede que el viaje nos de buenos regalos.
Sólo resta ya desplegar velas, lanzarse a surcar el océano del embolado de la reforma al grito optimista que de niños exclamábamos con fuerza: "¡A por ellos!"

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