Vivimos deprisa, como si huyésemos de la vida. Casi no respiramos. Nos da miedo Sentir. Y vamos cabalgando encabritados sobre cada momento presente, dejando de vivir. Así es fácil que pensemos.., es fácil que nos piensen, y que suceda, o nos creamos que sucede todo el mal en el mundo. Para. Ahora. Siente. Respira este momento, él te respira a ti en el Espacio abierto, infinito que tú eres. Tu casa es una de esas Puertas ordinarias al Espacio abierto del Ser. Recíbela, Siéntela.
Cada vez más, suceden muchas cosas alrededor nuestro. O eso parece. El acelerado transcurrir de las experiencias, cual diseño yang extremo de la más larga, recta autovía, nos acerca a la meta. ¿Para qué? Si me duermo en la autovía, no iré dormido en lo demás? Y cuando llego a casa, me desplomo según me descalzo, y me creo que la casa haga todo el trabajo de de limpiarme y dejarme bien preparado para la nueva jornada, llena de sinsentidos. O.., ¿que siento cuando llego a casa?, ¿A qué dedico el tiempo libre? Y.., ¿Escucho?
No será a lo mejor que sigo añorando la casa de la infancia, el nido materno, y más allá de él, al útero caliente y seguro de mi madre. ¿Quién es mi madre, de quién soy hijo? Puedo ser capaz de sentir ahora el peso de esa historia personal, que no tiene remedio, que además realmente no existe. La suelto entonces. Respiro, en calma.. Ya estoy en casa, a salvo, en el Hogar, adentro en el Corazón.
Por eso cuando limpio, cuando ordeno en casa; cuando trabajo o descanso en ella, puedo cantar o escuchar su tonada, que es la de la vida fluyendo ahora. ¿Por qué entonces tener prisa, o miedo? ¿Por qué siento que me falte algo? Que me lleva a tomarme la vida afuera como lucha, como carrera y superación. Siento ahora la respiración en mí, al tiempo que respira en la casa -y yo dentro de ella, uno con ella-. Siento el latido universal, y como su ritmo me acuna, da paz. Puedo salir 'afuera', seguir sintiendo la paz, elegirlo. Dejar de creer las ilusiones de lucha, separación y miedo.
Solo suelto, relajo. Respiro, y al soltar recibo. Recibo tanto, lo Siento. Y, al soltar, dejo espacio; en mi mente, en mi casa. Permito a los objetos bailar, compartir su belleza. Pueden ser numerosos, o no tantos. Pueden estar cercanos o distantes. Me abro a sentir ese espacio abierto, dejo de presionarlo, de creer que necesito llenarlo de objetos, formas y colores para ser más yo, para estar en Paz.
Hoy es un buen día, sin mañana y sin ayer. Cojo el asunto por los cuernos, con dulce valor, con firme decisión. Hoy abandono mi posición. Salgo de la barricada de mi cabeza, suelto los fusiles de creencias estériles y no dirijo las balas de los pensamientos sin amor ni significado. Me entrego al espacio, me abro a Él. Y Siento. Estoy en casa, nuestro dulce hogar. En este momento, me recibo a la Vida. Dejo estar.

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