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Mapa Pakua (1): Norte y Noreste

      

    En la ciencia china de la ubicación o feng shui, que significa literalmente 'Viento y Agua', aprendemos a vivir conscientemente los flujos de la energía vital, o chi, para poder diseñar ambientes armoniosos que habitar con salud. También están los tratamientos correctores o ajustes de armonización espacial. Una parte de esta ciencia se llama 'el Mapa Pakua', relacionado con la Escuela de la Brújula o de las Direcciones. El Mapa Pakua nos habla de las asociaciones y correspondencias que hay entre las distintas direcciones cardinales y sus flujos energéticos correspondientes, por un lado, con las experiencias de las personas en sus principales ámbitos de relación. 
 Nuestra cultura peca de superficial y de apresurada; no solemos profundizar en las conexiones que existen entre una dirección cardinal concreta y el área de la vida con que se corresponde. Nos hemos alejado de un estilo de vida enraizado en la tierra y armonizado con sus ciclos naturales, con los cambios constantes entre las dos fuerzas complementarias de la vida: Yin y Yang, o la Noche y el Día. Lo femenino o yin tiene que ver con la receptividad, la nutrición y cuidado de los seres, el compartir y lo colectivo; también lo frío, horizontal, el invierno. A su vez, el Yang se asocia con la fuerza masculina, la acción, lo creativo y el individuo; con lo cálido, vertical, el verano, etc.
 Antiguamente, el ser humano mayoritariamente vivía como una especie integrada en su medio. Y, aunque lo cultivaba y modificaba en su favor, sabía estar como un ser más entre las demás criaturas, sin forzar el delicado equilibrio de los ecosistemas. Este estado de cercana comunión con las fuerzas naturales, le proporcionaba también una percepción de los distintos tonos o flujos energéticos, que la ciencia feng shui asocia con las diferentes direcciones cardinales. Con el tiempo, el excesivo desarrollo del hemisferio izquierdo y las actitudes racionales llevó a nuestra especie a sobrevalorar su papel dentro de la naturaleza, y a perder la conexión directa con sus ritmos. Dejó de recibir sus tonos vitales. La práctica continuada del feng shui ayuda a recuperar la salud al conectarse con aquellos ciclos y nos devuelve esas capacidades ancestrales ahora dormidas en la mayoría de los individuos.
 Nuestra civilización en las zonas templadas del planeta depende de la alternancia de las estaciones y sus efectos en el clima y los cultivos. Equinoccios y solsticios marcan los momentos de equilibrio entre Yin y Yang, los primeros, y de mayor diferencia, los segundos. Para la cultura china, las estaciones comienzan antes que en nuestro calendario. La primavera se inicia a primeros de febrero, mes aún frío, que sin embargo ve florecer numerosas plantas. Es el tiempo del Trueno, asociado a la dirección cardinal del Este, y al amanecer en el ciclo diario. El feng shui se sirve de imágenes naturales para nombrar cada energía o tono vital –asociado a una dirección cardinal principal-. Estas energías de la vida se activan, haciéndose predominantes cuando llega la estación con la que se corresponden. Ahora estamos en nuestro final de año, que corresponde en feng shui al tránsito del área o kua del Agua –activado en noviembre y diciembre- al kua de la Montaña, que se activa en enero. La primera se asocia al Norte y al elemento feng shui agua, mientras que la segunda se asocia al Noreste y es una dirección asociada a la  calidad tierra.
 El agua saludable es la que circula adecuadamente, con diseños curvos y manteniendo la capacidad de oxigenarse para estar viva. La energía del agua, aparentementre blanda, es poderosa a partir de su interior. Así, nosotros también caminamos por la vida tratando de seguir un rumbo fluido, cuyo hilo conductor tiende a ser nuestra formación y luego la carrera profesional. El ámbito del trabajo marca también sus curvas entre la libertad de hallar, elegir nuestra vocación y el compromiso de saber responder al reto de ganarnos la vida. A veces, nuestro rumbo se empantana en pozas oscuras, poco salubres, y parece que nos hubiéramos apartado de nuestro cauce. Atravesamos etapas aburridas o incómodas, donde la vida parece no evolucionar, tal como ocurre en el invierno de la naturaleza en noviembre y diciembre. No obstante, al mismo tiempo, se está dando un intensa vida interior aunque no se refleje afuera.
 Cuando atravesamos etapas oscuras,  donde templamos nuestro carácter  y también practicamos competencias valiosas, podemos descubrir mensajes profundos de la vida, que enriquecen nuestro viaje. Eso sí, que las fases de estancamiento no se conviertan en la pauta principal de nuestro vivir, como está ocurriendo en esta sociedad post-capitalista, con tantas personas alejadas de su vocación, y de 'sus aguas vivas' que pueden aportar a la sociedad.  De ahí que, como sociedad, necesitemos echar mano al valor y al ejercicio comprometido de nuestra libertad, para asumir nuestras metas. A mi entender, la pieza clave del rompecabezas que falta, es la experiencia de conectar con el espacio interno de uno.
 Hacerlo calmadamente y sopesando lo vivido, establecer riesgos asumibles con los dones y competencias que ya se tienen, y poder luego trazar un plan eficaz de acción. En feng shui, a este espacio de vida, se le conoce como 'Montaña'. Nuestra sociedad lo llama la cuesta de enero, porque ha olvidado lo necesario que son los retiros periódicos en la vida, donde pararnos a evaluar lo logrado y si lo sentimos a establecer cambios en la ruta de vida, desde la paz interna. También la energía de la 'Montaña' del noreste alude a la capacidad de vaciarnos de lo que nos sobra, o ya no nos hace falta; mantener estos residuos significa poner freno a nuestra evolución.
  Con todo, esta energía del aquietamiento requiere aprender a parar de vez en cuando, conectar con la fuente de sabiduría propia, y reajustar el ritmo saludable entre estar con uno e interactuar con los demás, consecuencia natural del ejercicio de la libertad individual. En feng shui, la energía del invernal del Agua alimenta a la tierra de la Montaña, y todos precisamos de valor para estar solos, y de perseverancia para confiar en nuestra sabiduría.


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