Feng shui en los lugares de negocios:
boca, corazón y tripas.
La aplicación de los principios feng shui a los
espacios de trabajo y creación de riqueza nos muestra una
adaptación respecto al patrón básico que conocemos para las viviendas. En cualquier
caso, nos seguimos sirviendo de un modelo que diferencia el espacio en tres grandes
partes, que siguiendo el símil del cuerpo humano, llamaremos boca, corazón y tripas. Es
evidente que para respetar el principio básico de que la energía vital chi fluya, primero ha de llegar a un
lugar y entrar en él (acceso); después ha de circular fluidamente por ese
espacio creando buenas condiciones de confort, ergonomía para crear y trabajar;
por último, igual que la vida siempre está en continuo cambio, el chi vital ha de abandonar ese espacio y
seguir su marcha, evitando estancamiento y exceso de cualquier cosa que pueda
desequilibrar el conjunto. Veamos este esquema más detenidamente.
Cuando
tomamos en cuenta el acceso a un
negocio, también cobra importancia lo que lo rodea, su calidad y
atractivo ambientales. Para un negocio concreto, esta primera consideración de
emplazamiento se refiere a situarse
en un entorno apropiado -afín a la actividad principal que abarca-,
y con suficientes relaciones para generar la intensidad que requiere toda venta.
Cuando nuestro organismo tiene hambre, tan importante resulta tener la boca
sana como comida abundante y de calidad que tomar. Esta última alude al flujo
de clientes potenciales, que se dan en un entorno atractivo para hacer ventas,
así como que el emplazamiento cercano de la tienda o empresa resalte nuestro
lugar de negocio, en vez de que lo esconda haciéndolo pasar desapercibido.
A escala pequeña, el escaparate de una tienda o el
acceso a unas oficinas nos recuerdan esa cara atractiva, bien aseada, cuya
intensidad mayor o menor de maquillaje irá a tono con lo que ofrezcamos en
el espacio profesional. Ligado a esto está esa primera impresión que todos recibimos cuando entramos en
un espacio de trabajo cualquiera. Lo pensemos o no, ya estamos recibiendo
sensaciones directas que nos indican parte de la calidad de ese negocio. Es
importante que una persona se sienta bien recibida, tanto por las personas que
le atiendan como por la decoración, la definición del espacio en esos primeros
metros del lugar. Si para entrar, nos cuesta mucho empujar la puerta, o el
sonido del timbre es desagradable, no empezamos bien. Y así, una suma de
detalles, que inundan nuestros cinco sentidos, dándonos información de la salud ambiental de ese lugar.
Ya estamos dentro, imaginemos que nos hallamos en una tienda de alimentación.
Pedimos que el espacio nos permita movernos cómodamente y que los productos
estén colocados de forma ordenada y atractiva en su presentación, para que
podamos hacer una buena elección. Durante el proceso que precede a la compra de
un producto (o servicio), el cliente ha
de encontrarse distendido, agradablemente estimulado por el ambiente.
En la medida que esto sea así, la compra será mejor y seguramente mayor. Nos
dejará una sensación positiva que favorece que volvamos de nuevo al
establecimiento. Esta sensación de movernos libremente, y disfrutar eligiendo
nuestra compra es clave. Cuantas menos intervenciones tengan que hacer los
empleados porque el lugar se muestra accesible y claro, pues mejor.
Es en esta zona central del
negocio donde tienen lugar el mayor intercambio de información y
desarrollo de creatividad, para llegar positivamente hasta el cliente. En una
tienda lo hace el diseño y la disposición de los productos; también la hábil
interlocución que establece el empleado desde el otro lado del mostrador,
dejándose ver, sin agobiar al visitante. En las oficinas, lo marca la
distribución de despachos y escritorios que favorezcan la buena interrelación
entre los empleados de una empresa. De manera que, por un lado, puedan trabajar
individualmente, y, por otro, cuando haga falta, se echen una mano entre ellos.
Nos recuerda los usos que le pedimos en los hogares a los espacios de la sala
de estar, comedor y cocina,
espacios socializadores todos ellos que confieren calidez y armonía
a la dinámica familiar. En un espacio profesional, y adaptado a su naturaleza
específica, lo mismo. El negocio entonces respira con ritmo, bombeando
dinamismo y creatividad donde haga
falta, tal como hace nuestro corazón con el sistema respiratorio.
La tercera parte de nuestro esquema espacial se refiere a esos espacios
usualmente conocidos como almacenes, despachos de gestión, cuartos auxiliares o
wc: 'la trastienda'.
A menudo, por no verse o
porque el público no la usa, se olvida la importancia de su diseño y su
cuidado. Esa parte interna de los
negocios, donde la energía está descansando, donde genera procesos de limpieza o
donde se produce una toma importante de decisiones, esos necesarios espacios
que hablan del potencial invisible del proyecto, aluden a las entrañas del
mismo. Y también a su fuerza, a la capacidad
de supervivencia ante reveses o desafíos. Son como las habitaciones
de nuestro hogar que no solemos compartir con extraños o conocidos, nuestra
zona privada, que nos posibilita experimentar intimidad, vulnerabilidad y
regeneración. En ellos recupera sus
fuerzas el animal salvaje de empresa que nos hace crecer gracias
al instinto en los negocios. Estos espacios más femeninos, han de ser cuidados
tanto o más que el resto, para que en situaciones imprevistas, el negocio pueda
dar respuesta adecuada en el tiempo preciso.

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