Feng shui en el Hogar
Las
personas tenemos la necesidad universal de llegar a crear un hogar seguro y confortable. Un sitio
personal, al que pertenecer y donde poder refugiarnos de las inclemencias,
tanto del tiempo meteorológico como de los diversos reveses de la vida. Este
cobijo, en el sentido más profundo del término, ha de ser un espacio bello y
vital. Un lugar que hable de
nosotros y de nuestras aspiraciones en la vida. Cuya decoración
ciertamente expresará lo genuino y especial de las personas que habitan dentro
de esas paredes.
Con el paso del tiempo, las personas vamos
creando una relación única, bien profunda, con el lugar que habitamos. Sin
embargo, esta relación precisa ser conscienciada día a día, de manera que los
cambios que experimentamos en el viaje de la vida, también se traduzcan en el
espacio habitado. Así evitamos posibles estancamientos o depresiones, tanto en
el espacio como en nuestro vivir.
No pretendemos la mansión
perfecta, ni siquiera tenerla repleta de riquezas u obras de arte conquistadas
al mundo. Tan solo necesitamos que
ese espacio lata con corazón y alegría. De esta manera, cualquier
persona que franquee su umbral, lo sentirá, y podrá sentirse a gusto. Practicar feng shui es irradiar a nuestro hogar el aprecio que
sentimos por estar vivos, por poder disfrutar cada nuevo amanecer de la
aventura humana. Es sentir en cada
momento qué parte de nuestra casa nos reclama un cambio, menor o mayor,
como lo hace la vida con nosotros a diario, si la dejamos. El arte de la ubicación espacial, como
también se conoce al feng shui, comprende colocación ergonómica de muebles y
manejo adecuado de colores y texturas materiales, pero también incorporar un
sentido fluido del orden en el día a día, la capacidad de ‘ir cerrando ciclos’,
de digerir bien las experiencias que vamos viviendo.
Necesitamos tender al equilibrio de nuestras dos
polaridades, la femenina del ser y la masculina del hacer. Dar cabida al
sentimiento y a lo irracional, tanto como hacemos caso al lógico discernimiento.
Llegar a comprender que vivir con plenitud pasa por integrar en una unidad fluida las diferentes
áreas de experiencia humana: familia y profesión, pareja y amistades,
riqueza y conocimiento, gozo y meditación. Aceptar incorporar un
estilo de vida sencillo al tiempo que incierto, donde nos dejemos llevar por la
maestría de la vida, que se encargará de hacernos llegar los aprendizajes que
nuestro ser necesita para crecer.
Un hogar feng shui tendrá tantas apariencias
físicas como historias de amor verdaderas vivan sus moradores entre sí y con el
lugar elegido. Las leyes básicas siempre respetan el movimiento de la vida,
donde ha de haber mengua para que después se produzca el crecimiento mayor. Y
nosotros hemos de aprender a pulsar estas corrientes, en el hogar y en el
exterior, de manera que reduzcamos los conflictos que habitualmente los humanos
se crean en la salud, las relaciones personales, la creatividad y el gozo.
Un
buen practicante de feng shui ciertamente sabrá reconocer con serenidad como ir encontrando su sitio en el mundo,
y florecerá ayudando a otros a formar parte de esa armonía natural. Es nuestro
derecho y legado que decidamos en cualquier momento aprender a rehabitarnos y caminar con
belleza.
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