Curas feng shui y uso de reguladores
Las curas en feng shui son
intervenciones que hacemos en el espacio que gestionamos para mejorar su
calidad ambiental y vital. Se trata de conseguir que el chi entre, circule y
continúe su marcha de la mejor manera, evitando bloqueos y situaciones que
pueden drenar dicha energía vital.
Partimos de aprender a percibir un espacio dado en
el momento presente. Necesitamos recuperar la calma y atención mentales, así como nuestra capacidad de ‘resentir’ los lugares, y conocer como respiran. Esto pasa por activar nuestro sentido de la percepción consciente, que es más que la suma de recoger datos con los cinco sentidos sensoriales. Requiere aplicar la cualidad de la empatía y la receptividad al ambiente que habitamos.
el momento presente. Necesitamos recuperar la calma y atención mentales, así como nuestra capacidad de ‘resentir’ los lugares, y conocer como respiran. Esto pasa por activar nuestro sentido de la percepción consciente, que es más que la suma de recoger datos con los cinco sentidos sensoriales. Requiere aplicar la cualidad de la empatía y la receptividad al ambiente que habitamos.
Otro
aspecto relacionado con los procesos de armonización espaciales, tiene que ver
con nuestra conexión a un lugar.
Como nos recuerdan los nativoamericanos, pertenecemos a la tierra. La
tierra que habitamos está viva, tiene consciencia.
Cada lugar
porta su historia y sus ‘huellas
emocionales’ por lo que ha vivido. Al no tener suficiente energía yang
como ocurre con las personas, un espacio puede saturarse de psiquismos y
diversas experiencias, y precisa ser limpiado. El vaciado consciente de un
espacio –que incluye orden y limpieza en profundidad, además de
despejar su energía residual anterior- ayuda a que nos conectemos profundamente
con aquel.
También
hemos de considerar, que es bueno hacer ajustes en el espacio cuando
necesitemos o queramos vivir cambios para seguir evolucionando. La propuesta
principal del feng shui se basa en que hemos de ‘actualizar’ nuestro espacio para
que éste hable de la vida que llevamos ahora, y quien somos y lo que nos
importa en el presente. Si estamos pasando por una fase estable y armónica, no precisamos
hacer ajustes.
Al plantearnos este trabajo de
armonización espacial, primero tratamos de balancear el ambiente que percibimos
en función de las polaridades yin
y yang. Buscamos la tendencia a un equilibrio, que es señal de salud
ambiental y confort verdadero. La esencia de una ‘cura’ o ajuste comprende
incorporar la cualidad complementaria a la que observamos en exceso o defecto.
Si nos percatamos de un rincón
oscuro, frio y estancado, tratamos de meter luz, calor y
movimiento. Si la sensación percibida es
de mucha inestabilidad, introducimos serenidad y estabilidad. Cuando el
ambiente se recibe hostil y despersonalizado, buscamos la manera de hacerlo acogedor
y entrañable.
A
continuación, tratamos de revisar la relación de características energéticas
desde el planteamiento de los cinco elementos, y vemos como podemos actuar con soluciones
decorativas para mejorar el ambiente. Con todo, en nuestra experiencia, la
armonización al principio requiere sobre todo ‘soltar lastre’, debido al exceso
de objetos, y su falta de uso o de significado en el momento actual.
Necesitamos aprender a reconocer que cada rincón es como una familia de
objetos + muebles + espacio. Cada rincón necesita su atmósfera y su vacío para
unirse armoniosamente a otros espacios de la casa. También hace falta que
dediquemos tiempo y afecto al espacio que ocupamos, reconociendo la metáfora
que representa de nuestra persona y nuestras relaciones.
Una
vez llevado a cabo este trabajo de vaciado, vinculación y percepción consciente
de un lugar, es cuando tiene sentido recurrir al empleo de los armonizadores o reguladores feng shui.
Estos nos ayudan a activar la energía, estabilizarla o modularla de maneras
precisas y en determinados puntos sensibles de la casa. De una forma técnica,
podemos usar el mapa Pakua para hacer cambios concretos en las áreas asociadas
al tema que necesitamos. La intencionalidad con
la que obramos es clave y de alguna manera impregna todo el proceso de
armonización.
A posteriori, se requiere un
seguimiento, según vamos viviendo, tomándonos pausas para balancear la ‘cura’ realizada,
y como nos sienta. Si hace falta, ésta se revisa y puede mantenerse más tiempo,
retirarse tras un tiempo, o corregirla para hacerla más completa.

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